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7.18.2008

Tatuado en la Piel

Aún recuerdo la primera vez que me tocaste. Tus dedos rozaron los mios lentamente en un momento en el que yo no estaba preparada; simplemente diste el primer paso y sujetaste mi mano con fuerza, y yo, apenada pero llena de emoción, sólo pude devolverte el gesto y apretar tu mano también. Desde ese día supe que tocarte, era lo más parecido al cielo que había sentido en toda mi vida.

Y no me quivoqué. Esa misma noche mágica, en un arrebato de pasión logré convencerte de que me besaras. Lo estaba deseando desde hacía mucho tiempo y lo conseguí atrapándote entre mis brazos para que no pudieras escapar.

Y lo supe, supe que ese beso sería mi perdición, supe que ese beso que me estaba elevando entre las nubes, que hacía que mi corazón latiera hasta cansarse, sería el inicio de mi obsesión por ti. Ahora no hago otra cosa que esperar pacientemente hasta tenerte de nuevo entre mis brazos. Eres mío, sólo mío, al igual que tus besos, tus caricias, tus miradas y tus malos chistes que alegran mi día.

Y estoy segura, completa y absolutamente segura, de que cada vez que me tocas y repasas mi delgada figura con tus dedos, cada vez que tu lengua y la mía se funden en uno de esos besos salvajes, cada vez que nuestros cuerpos se juntan y libran una batalla épica llenos de sudor y fluídos que proviene de nuestros adentros, todas y cada una de esas veces, has marcado mi cuerpo con la saliva de tu boca y has dejado miles de caricias que jamás olvidaré tatuadas en mi piel.

8.06.2007

Historias de Motel (2)

Motel

La idea de ir a un Motel no le resultaba para nada atractiva. Jamás en su vida había pisado uno de esos sitios de "mala muerte", como ella los llamaba, y le parecía la cosa mas asquerosa y vergonzosa que podría sucederle. Por eso, cuando él le proponía llevarla para que esa imagen que tenía fijada en su terca cabeza cambiara y se tornara un poco más real, ella sólo reía y juraba que jamás se dejaría convencer para ir a semejante lugar. Muchas veces, quizás en broma, quizás no, él le hacía la proposición entre risas; al principio, los NO de ella eran bastante rotundos pero poco a poco se convirtieron en "depende" o "tal vez", o "cuando este ebria", decía ella, haciendo alarde de su poco gusto por el alcohol.

Ella no recuerda que sucedió aquel día, no recuerda cual fue el detonante para que aceptara finalmente la invitación, tampoco recuerda como fue el camino hacia aquel motel, ni la conversación que tuvieron en ese trayecto, y no, no estaba ebria, de eso era lo único que estaba segura. Miedo, sintió miedo. La primera vez en un lugar que aborrecía le producía entre curiosidad y miedo, y tembló excusándose por el frío que hacía en la habitación. No era como ella se lo imaginaba, no era tan repugnante y asqueroso si no pensaba en que antes de ellos, cientos o quizás miles de parejas habían estado acostados entre aquellas blancas sábanas. Examinaba todo como si al final alguien estuviera esperándola afuera para hacerle un exámen detallado de todo lo que había observado y sonreía tímidamente intentando ocultar que estaba nerviosa.

Su miedo desapareció cuando salió a la pequeña terraza a observar las estrellas junto a él, un abrazo fuerte y cálido disminuyó su frío y le devolvió la confianza que había perdido. Si bien es cierto que la idea de estar en un motel, seguía rondando su cabeza, ésta desapareció por arte de magia cuando ella cerró los ojos y después de unos instantes, al abrirlos, toda la habitación estaba a oscuras, iluminada tenuemente sólo por la amarilla luz de muchísimas velas. Todo se volvió un sueño, un sueño para los dos, un sueño donde ese lugar se había convertido en su refugio de amor, en su refugio para esconderse del mundo y disfrutar de su pasión.

Caricias, abrazos, lágrimas de felicidad, besos profundos y húmedos, ropa que cae al piso, pasión desbordada por los poros de su piel y la imagen de dos enamorados en el reflejo del espejo, es todo lo que ella recuerda de su primera vez en un motel. El sexo fue el mejor del mundo por el simple hecho de que fue con él, en un lugar donde por primera vez podían estar completamente solos. Y ese dia, la imagen de aquel sitio pasó de desagradable e improbable al recuerdo más feliz de una de tantas noches junto a él.

Ahora ya no tiene miedo, o pena o asco de pasar un rato en una habitación de un motel, porque más que pensar que está en un sitio de "esos", piensa que es un momento mágico para revivir la primera vez que aquel cuarto con el espejo en el techo, la cama de sábanas blancas y la ducha de vidrio, se convirtieron en 4 paredes llenas de amor y sexo, muy buen sexo.

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