Ella está muerta. La miro con temor, tumbada cerca a la puerta. Es tanto mi asombro que me quedo quieta, impávida, algo triste y consternada porque pensé que no me importaría nada cuando ella no estuviera. Pero está quieta, fría, luce algo triste, bastante yerta. Verla así me afecta, me oprime el pecho, me desconecta de la realidad alterna. No se que hacer. No consigo pronunciar palabra, las palabras ahora no importan nada, son vacías, no tienen sentido, ella se ha ido y se llevó su brío.
Es muy raro que después de muerta, pueda sentirla aquí tan cerca, a veces pareciera que si me quedo atenta, ella aparece junto a la puerta, me sonríe, me saluda, me alienta. En días como hoy estoy contenta, la siento a mi lado, me rodea con sus brazos, me toma de la mano, me hace pensar que esto es lo mío, que cuando ella se muestra, siempre me inspiro, que el mundo entero puedo describir con estas letras, que a veces se mueren, mueren con ella. Que siempre vuelven, de vez en cuando después de esas veces que llego a la casa y abro la puerta y allí la encuentro, la encuentro muerta, ella vuelve, quizás dudando, pero vuelve en esta forma que para mi es eterna.
Quería escribir mil cosas que se pasan en mi mente en estos días, de esas que incluyen esperanzas y alegrías. Quería escribir lo mucho que lo amo, y la esperanza que guardo de permanecer a su lado. Quería escribir que estoy de maravilla, que tengo muchos planes en planilla, quería escribir que triunfo con esfuerzo, que aunque a veces siento que pierdo, salgo adelante y lo recuerdo.
Quería escribir que a veces no me adapto y que huyo como loca dando saltos tratando de escapar de este lugar. Queria escribir que otras veces, pasan miles de cosas, pequeñeces, que me hacen pensar que vale la pena este lugar.
Quería confesar que a veces lloro, cuando siento que no crezco y no mejoro, que me cuesta un gran trabajo todavía, intentar vivir sin ti todos los días. Quería confesar que a veces rio, cuando el tiempo se pasa y no lo miro, cuando los días se alejan velozmente y tu recuerdo se materializa aqui en mi mente.
Quería escribir mil cosas que se pasan por mi mente, pero hoy no ha sido un buen día realmente, hoy espero que se vayan las horas, que se alejen y se alejen como olas y que al despertar de tus brazos ya mañana, todavía me queden muchas muchas ganas, de seguir luchando ferozmente.
Quería escribir mil cosas que se pasan por mi mente, pero ya no. Hoy no...
Confieso que me daba puro y físico pánico escénico ponerme mis tenis y subirme a la DDR Extreme del BV de la samaria yo sola. Pero lo hice. Al principio resulté un poco torpe porque tenía ratico que no juagaba y porque, debo confesarlo, me daba miedo y pena que la gente se quedara mirándome. Todo el camino hasta la máquina pasé convenciendome a mi misma de que tenía que hacerlo si quería empezar en firme la dieta que me he propuesto, no puedo seguir quejándome de que parezco una gorda incapacitada y no hacer nada al respecto, y ayer después de ver que la báscula que recién compre hace unas dos semanas en mi tan marcada obsesión con el peso maracaba 60 kgs dije: NO MAMES MAYA CHAN!!!!
Si, estoy gorda y lo peor no es eso. Lo peor es que también estoy vieja. De esto me di cuenta hace unos 20 minutos y les contaré por qué. Despues de jugar 6 canciones seguidas y estar medio emocionada porque, gorda y todo, aún puedo saltar, se me acercó una niña como de que se yo, 17 años, quizás menos y le metió varios créditos a la máquina. Yo toda orgullosa dizque bailando en Standard pensaba que ella me observaba y decía: Waooo esta "señora" baila full, seguí metiendo créditos y mamándome hasta el cansancio, cuando la niña esta se ha puesto a jugar conmigo: EN HEAVY. Aja. Hasta ahí llegaron mis sueños de gloria. Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue cuando un amigo de ella, de su misma edad, tambien empezó a jugar y era de esos bien PRO. Nada que hacer. Y todo este cuento no es para decirles que estoy vieja y gorda porque me canso más rápido o ya no tengo los 53 kgs que tenía hoy en el video de la Inauguración de la planta donde trabajo. Todo este cuento es porque por primera vez en mis 27 años he sentido nostalgia.
Esa nostalgia que te agobia y te apachurra el corazón y hace que tu mente viaje a través del tiempo y la distancia y te haga sentir que realmente han pasado muchos años por ti. No se como explicar lo que sentí por un momento, cuando estos dos amigos estaban bailando en heavy y se movían al unísono, como unos pequeños robotcitos, como una extensión uno del otro, atrayendo la mirada de varias personas que se quedaban fascinadas con su sincronización. Y entonces me fuí a esa época donde ella y yo bailábamos igual, nos movíamos igual, nos reíamos, atraíamos gente y nos hacíamos equivocar solo para divertirnos. Donde inventábamos coreografías y mamábamos gallo mientras jugábamos pensando que eso nunca iba a acabar. Pero heme aquí, sentada frente a un pc de 1995, con un nudo en la garganta y ganas de volver a tener 20 años y volver a hacer estas cosas con ella.
No me malinterpreten, no cambiaría (casi) nada de lo que tengo ahora, ni de lo que he conseguido, simplemente hubiera deseado que esos momentos no se hubieran acabado. Pero no debería quejarme, los disfruté al máximo. Y quizás uno de estos días debería secuestrarla a ella y llevármela a jugar DDR al BV de Quilla, por los viejos tiempo, como antes. Ya no tengo 20 años, ni 21, ni 22. Tengo 27 y gracias a Dios he vivido muy bien todos estos años, y después de hoy con más razón lo haré. Porque lo único que tenemos es el presente, cada momento que disfrutamos, cada minuto que pasamos con las personas que adoramos, el futuro no existe aún y el pasado, ya pasó. Una parte de mi pasado fuiste tu, y todavía tienes un pedacito de mi presente. Gracias por los buenos recuerdos que todavía hacen que se me estremezca el corazón con imágenes como la de hoy.
Gracias Nats.
P.D. Aja, bajaré 5 Kgs y el DDR me ayudará. Ya verán :) Y ahora no me dará miedo jugar sola porque siempre puedo encontrarme con Rosa Angélica (la niña de hoy) y ver como se burla de mi edad y mi torpeza jugando ^^
No recuerdo muy bien de que color era el vestido que tenía puesto, hubiera sido mejor colocarme uno rojo, pero ya saben, no me gusta mucho ese color, aunque sea su favorito. Lo que si recuerdo era traer puesta esa hermosa cadena de plata con lagrimitas que me regaló una de las navidades que pasamos juntos. Me encantaba, y me encantaba más que me la hubiera regalado él. Estaba de pie a su lado esperando que cerrara los candados que aseguraban la puerta principal de su casa cuando llegaron.
Eran dos hombres jóvenes, no mayores de 30 años, creo. Sus rostros nunca fueron claros para mi porque todo pasó muy rápido y el miedo invadió mi cuerpo desconectando todos mis sentidos. Sólo sé que nos apuntaron con un arma y me pidieron mi bolso y si, mi hermosa cadenita de plata. No podía moverme y mientras él intentaba razonar con ellos, yo procesaba todo como en càmara lenta, como en una de esas películas en blanco y negro donde todo pasa cuadro por cuadro.
El hablaba y se colocaba delante de mi para protegerme, ellos se movían de un lado a otro, nos amenazaban. El me pidió mis cosas, ellos estaban desesperados por la tardanza. Yo entregué mi bolso pero me rehusé a entregar la cadena, ellos gritaban, él me suplicaba que la entregara, me decía que no valía la pena, que me compraría otra igual. Yo insistí en quedármela, aferrándome a un recuerdo, incapaz de razonar la situación; uno de ellos lo empujó contra la pared, él emitió un quejido que me partió el alma, el otro disparó; me disparó.
Ya no recuerdo nada más. A veces si cierro mis ojos y me quedo mucho rato así, intentando recordar, vienen algunas imágenes a mi mente, pero son desgarradoras. Lo veo hablándome, diciéndome que voy a estar bien, entonces me besa y me abraza mientras llora. Luego me carga y me pone en la parte de atrás de su carro, maneja como loco, me habla, llora. Y luego todo se pone negro.
No me gusta pensar en eso. Me gusta recordar la parte donde se me acerca al oído mientras me llevan por los corredores de lo que asumo era una clínica, y me pide que me case con él. Me muestra un anillo hermoso, de oro blanco con una piedrita morada en él. Lo miro fijamente y sin decirle nada, el sabe que la respuesta es sí.
Hoy lo espero como todos los días en la puerta de su casa, tengo puesta mi cadenita de plata con lagrimitas y el hermoso anillo de compromiso con la piedra morada que hace juego perfecto con el color de mi vestido y mi alegría. Siempre tarda. Sale con un ramo de rosas azules y esa enorme sonrisa que hace que se me caliente el alma. Camina hacia mí pero el trayecto se hace eterno, lo veo que avanza pero es como si el camino se alargara con cada uno de sus pasos, como si en vez de avanzar hacia mí, se alejara. La espera me cansa, me da sueño. Pero no importa, porque al día siguiente vuelvo a su puerta, vuelve a salir y sé que pronto, muy pronto me abrazará, muy pronto me besará, muy pronto seré su esposa. Sólo tengo que vivir.
La noté por primera vez cuando tuve la valentía de sentarme a su lado en uno de esos paraderos de buses a la salida del centro comercial. Al principio pensé que era una mujer normal, un poco desarreglada, madre de familia, cabeza de hogar, muy trabajadora y algo despistada. Sólo empecé a notar algo extraño cuando me di cuenta que susurraba. Habla en voz bajita para ella misma, pensé. Preguntaba por alguien, su hija, creo recordar, o su amor perdido, quise creer después.
Hablaba entre líneas mirando fijamente la carretera de asfalto caliente y los cientos de vehículos que por ella transitaban. Llegué a creer que cuando viera el indicado se subiría, pero mientras nos hacíamos compañía, ella con sus pensamiento y yo con los míos, lo único que compartíamos era la espera y quizás, en ese momento, la soledad del alma.
Pasaron los minutos y ambas permanecíamos allí, sentadas, bajo el inclemente sol de las 2 de la tarde, ese que hace que se te pegue la ropa a la piel y que tu garganta pida a gritos un sorbo de agua. Pasaron los minutos y ni ella ni yo nos movíamos. Ella seguía diciendo que alguien había quedado en encontrase con ella en ese lugar, pero no estaba segura de que iba a aparecer. ¿Será que se fue y me dejó?, alcancé a entenderle. Y mientras en mi cabeza intentaba armar su historia con los pocos detalles que capté, ella se levantó abruptamente de la banca y cruzó la calle, con la paciencia con la que una oruga trepa por el tronco de un árbol, mientras los autos la esquivaban y seguía susurando que la habían dejado allí sola en ese lugar.
En ese momento subí a mi transporte y me fui. Pensé que ya nunca volvería a verla, que quizás de verdad ese alguien había ido por ella esa tarde. Pero no fue así. La he visto estos días sentada en las bancas del parque, con la misma ropa, las mismas chancletas desgastadas y una bolsa llena de ropa y cosas para tejer, creo. Sigue hablando sola y susurrandole al viento los secretos que se esconden en su mente, sigue esperando a ese alguien que seguramente nunca va a llegar, pero que ella en su mente, en su mundo, en su realidad, aún sigue esperando confiada en que un día la recordará y volverá.
Y yo me pregunto, ¿será que está loca?. Quizás no, quizás la loca soy yo, que me comparo con ella, que me pongo a intentar decifrar su historia atando cabos ficticios y que espero también que algún día, alguien regrese por ella.
Loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo, menos la razón. Gilbert Keith Chesterton
A veces me quejo de la ciudad donde vivo, a veces descubro pequeños paraisos ocultos en ella. A veces me doy por vencida y me deprimo, a veces cojo la depresión por la oreja y la saco de mi vida. A veces disfruto de la soledad extrema pero a veces me hacen falta sus abrazos. A veces me rio del sol y me le escondo, a veces lo extraño cuando solo me sonríe la luna. A veces me encantan los besos del viento en mi cara, a veces me cubro y no permito que me toque. A veces bailo y canto cuando nadie me ve, pero a veces me gusta hacerlo para ser el centro de atención. A veces no me gusta comer sola pero ya me he acostumbrado y a veces quiero hacerlo sola siempre. A veces lo extraño a morir, pero algunas otras veces muero por no saber nada de él. A veces tengo tanto frío que duermo sin ventilador, a veces tengo tanto calor que me acuesto en el piso para sentir frío. A veces lloro tanto que mis ojos se ponen pequeñitos al día siguiente, a veces mi gran sonrisa es insuficiente para expresar toda mi felicidad. A veces me canso de escuchar su música en el carro, pero otras veces la tarareo todo un día completo cuando no la oigo. A veces quiero tapar el sol con un dedo, otras veces me pongo de frente para que sus rayos me ceguen. A veces extraño escribir como antes en el blog, otras tantas veces ni siquiera me hace falta. A veces lo amo sin remedio, la mayoría de las veces el único remedio es amarlo...
El frío cada noche es más intenso, se puede sentir como si miles de pequeños témpanos de hielo se clavaran en todo el cuerpo. El aire frio que respiro recorre mi garganta que arde de dolor y la oscuridad de la noche me envuelve lentamente alejándome de todo por unos segundos. Doy vueltas por este sitio ruidoso intentando distraerme o encontrar alguna falla que haga mi noche un poco más productiva. Me abrazo para darme un poco de calor; todo está tranquilo, como en un cementerio lleno de cadáveres helados y putrefactos que son velados por la grandiosa luna llena. Regreso al edificio medio iluminado donde sólo deambulan otras 4 almas más la mía; el silencio se vuelve acogedor y me permite encontrarme al fin con mis propios pensamientos. Lo que más me gusta de estas noches eternas y miserables es que puedo sentarme frente al computador y hacer lo que más me gusta mientras las palabras que no pronuncio se plasman con gracia en una hoja en blanco que poco a poco se llena de vida y color; si, definitivamente eso es lo mejor. Escribo y escribo y sonrío porque al fin mis dedos se deslizan sobre el teclado como danzando sutílmente y mi corazón se acelera con cada sonido que emiten esos pequeños cuadrados grises bajo mis delgadas manos. Y soy libre pero a la vez esclava. Y me siento sola pero tranquila. Y me siento aconcojada pero feliz. Y miro el reloj que marca dos horas más tarde en mi cabeza que sólo desea recuperar algunas horas de sueño y sobre todo los buenos hábitos alimenticios, pero todo es incierto y lo sabe. Nada es seguro en esta vida y en esta oscuridad tan sola el panorama no es menos gris pero mientras pueda volver a recuperar estos pequeños instantes y mientras pueda seguir sintiendo su roce tibio después de esta fría tempetad, todo seguirá valiendo la pena, y la brisa helada, la noche oscura, la soledad perpetua que mas dan....
La primera vez que la vi me cautivó con esos enormes ojos negros bajo el radiante sol de pleno día. Me atrapó por completo con su profunda mirada, que me decía casi a gritos que extrañamente, ella era feliz de verme, así como yo me había sentido feliz al verla a ella. Creo que fue un caso de mutua necesidad; ella claramente necesitaba de mi afecto, y yo, yo necesitaba saber que aún seguía siendo la misma niña tierna y preocupada por los demás que dejó Barranquilla hace unos meses. O no sé, tal vez el día en que la conocí tenía una de esas tristezas que tiñen mis tardes solitarias de un gris intenso y al final de cuentas su corta compañía me animó el día, o quizás debería decir, la existencia.
En fin, allí estaba Anita, sobreviviendo con lo poco que la vida le ha dado, o con lo mucho que alguien, a mi parecer, despiadado y sin corazón, le quitó; y ahí estaba yo, con el corazón apachurrado por no poder llevarla a mi casa y darle lo que se merece, o por lo menos poder proveerla de las cosas básicas para que ella se valga por sí sola. Pero al verla ahí, luchándose el todo por el todo por sobrevivir un día más, por conseguir lo necesario para mantenerse en ese mundo hostil y egoísta que la rodea, en este mundo que le da la espalda por vivir en la calle, por no tener un hogar ni un plato de comida, por ser simplemente una desplazada más, supe que en realidad los valientes y guerreros jamás se rinden ante las adversidades, por más terribles que éstas parezcan. Anita se convirtió en un gran ejemplo para mí, que a veces me dejo vencer por nimiedades que no superan a mis grandes temores.
Ese día, el de nuestro primer encuentro, Anita despertó muchos sentimientos en mí, y yo le demostré mi afecto y mi preocupación, dándole un poco de comida y atención. No pude estar mucho tiempo con ella, pero los pocos minutos que estuve a su lado, me sirvieron para comprender que en serio es necesario que haga algo porque esa situación en la que se encuentra ella, es demasiado cruel y mi corazón no puede recibir ni tolerar tanta maldad a la que ella fue sometida. Los días siguientes seguí viendo a Anita; apenas llegaba al lugar, ella corría a mi encuentro, reconociéndome al instante, y regalándome esa mirada cómplice, esa mirada llena de felicidad y de anhelo, esa mirada que me decía sin palabras, que ella me estaba esperando y que se sentía agradecida de que yo estuviera allí para ella. Creo que poco a poco me fui ganando su confianza, y Anita se fue ganando un lugar muy especial en mi corazón.
Hoy volví al lugar donde la vi por primera vez; dejé de ir por casi una semana, y hoy regresé con la esperanza de volverla a ver. Mi pena fue grande al no encontrarla allí. Me senté en el lugar de siempre a esperarla, pero el tiempo pasó y ella jamás apareció. Me preocupó un poco el hecho de pensar que quizás en uno de esos días en que ella intentaba abrirse paso en la carretera, o encontrara un lugar para dormir, algo pudo haberle pasado. Nadie supo darme razón, y yo no pude hacer nada para encontrarla.
Quizás mañana regrese de nuevo con la esperanza de encontrarla y ver otra vez sus hermosos y grandes ojos negros. Quizás regrese mañana y no la encuentre, y así pasen los días hasta que al final me resigne a no volver a verla jamás. Pase lo que pase, me quedará el recuerdo de sus ojos, su pelo blanco y café, la forma como movía su larga cola cuando le daba un poco de comida, y por sobre todas las cosas, el recuerdo de su gran valentía. La verdad es que nunca supe su nombre, pero estoy completamente segura de que si ella pudiera hablar, me diría que le gustaba la forma en que la llamaba; al fin y al cabo, para mí ella siempre fue y será tan sólo Anita.
La primera vez que vi su hermoso cabello dorado como el sol, fue como sentir una suave brisa de verano que acariciaba mi rostro y llenaba mi alma de paz y tranquilidad. En medio de la multitud, se destacaba con su característico encanto y sus ojos claros que miraban el mundo a través de los cristales de sus pequeños anteojos.
Fue amor a primera vista, si, de esos que te duran para siempre aunque no sean correspondidos. Me enamoré de su forma tan particular de sonreir y de las miles de muecas que hacía con su rostro. Me enamoré de su piel blanca y suave, de su ropa casual y alegre, de su forma de bailar un poco torpe y de la manera en que sutilmente probaba un enorme helado que le llevó el hombre que estaba con ella.
Admito que durante todo el tiempo que estuve sentada frente a su mesa, no pude dejar de mirarla. Me atrapó, me hechizó, me volvió una persona que sólo podía vivir para ella, para sus risas, para sus pocas palabras, para su talento natural de encantar, para estar pendiente única y exclusivamente de sus movimientos.
Ella no se percató de mi existencia, salvo por escasos 40 segundos en los que tímidamente caminó hacia mí y terminó de alegrar mi noche con esos ojos enormes, con ese andar travieso y esos cachetes grandes como me gustan. Después de eso, tuve que irme, pero creo que jamás olvidaré a esa niña hermosa, al angelito más hermoso que he visto, a la bebé que esta noche se robó mi corazón; me lo cambió por sonrisas y miradas de esas que pueden enternecer hasta al más duro de los seres humanos.
Ella jamás me recordará pero lo más seguro es que cuando yo vaya a tener un bebé, la recuerde a ella, y quiera que mi pequeño tenga esa aura maravillosa, ese no se qué en todo su cuerpo lindo, esa capacidad de robarle a cualquiera su corazón.
Aún recuerdo la primera vez que me tocaste. Tus dedos rozaron los mios lentamente en un momento en el que yo no estaba preparada; simplemente diste el primer paso y sujetaste mi mano con fuerza, y yo, apenada pero llena de emoción, sólo pude devolverte el gesto y apretar tu mano también. Desde ese día supe que tocarte, era lo más parecido al cielo que había sentido en toda mi vida.
Y no me quivoqué. Esa misma noche mágica, en un arrebato de pasión logré convencerte de que me besaras. Lo estaba deseando desde hacía mucho tiempo y lo conseguí atrapándote entre mis brazos para que no pudieras escapar.
Y lo supe, supe que ese beso sería mi perdición, supe que ese beso que me estaba elevando entre las nubes, que hacía que mi corazón latiera hasta cansarse, sería el inicio de mi obsesión por ti. Ahora no hago otra cosa que esperar pacientemente hasta tenerte de nuevo entre mis brazos. Eres mío, sólo mío, al igual que tus besos, tus caricias, tus miradas y tus malos chistes que alegran mi día.
Y estoy segura, completa y absolutamente segura, de que cada vez que me tocas y repasas mi delgada figura con tus dedos, cada vez que tu lengua y la mía se funden en uno de esos besos salvajes, cada vez que nuestros cuerpos se juntan y libran una batalla épica llenos de sudor y fluídos que proviene de nuestros adentros, todas y cada una de esas veces, has marcado mi cuerpo con la saliva de tu boca y has dejado miles de caricias que jamás olvidaré tatuadas en mi piel.
De repente se dió cuenta de que se había convertido en una copia barata de esa mujer que tanto aborrecía; podría decir que la odiaba, pero no representaba tanta importancia como para atribuirle un sentimiento tan fuerte. No entendió cuándo ni cómo todas sus actitudes se volvieron una repetición aburrida y con fallas de origen, su vocabulario también había cambiado, sus gustos se transformaron por completo y pasó de ser una chica inteligente y fresca, a una imitación barata de una muñeca de plástico, perfecta por fuera, vacía por dentro.
Se miró al espejo y lo primero que notó fue su cabello largo tinturado de un dorado resplandeciente, sus ojos opacados por la cantidad descomunal de sombra azul que los rodeaba y unos labios excesivamente rojos que le daban un aspecto ridículo y callejero. Siguió su cuerpo flácido y raquítico con la mirada, recubierto por un fino vello que antes no tenía, disfrazada con un vestido rojo que la hacía ver como una dama de compañía que fácilmente se puede encontrar en una calle de la ciudad, sin el título de Dama, claro está.
Sus piernas le recordaban dos palos de escoba y podía jurar que las escobas tenían palos más gruesos. Unos zapatos transparentes con tacones de 10cms complementaban el disfraz que ahora usaba. Suspiró. Intentaba calmar el asco que sentía de sí misma, la repulsión que la imagen en el espejo le causaba, las ganas de acabar con esa obra teatral de la que ella era parte.
Tocaron a la puerta y aún queriendo escapar, salir corriendo o morir, se dispuso a recibir a su invitado de turno. Miró el reloj. 7:00 P.M. Era Alejandro. Lo recibió como de costumbre para que no sospechara lo que había sucedido minutos antes pues el hombre tenía un extraño poder sobrenatural que le facilitaba saber su estado de ánimo con sólo mirarla. Sin embargo, esta vez Alejandro no reparó en sus tristes y húmedos ojos, la arrastró con fuerza y la tiró en la cama y como un loco comenzó a desvestirse, ella lo miraba aterrada desde la cama, hacía mucho tiempo que lo recibía a la misma hora todos los jueves y nunca se había comportado como un animal hambriento desesperado por devorar a su presa.
El jóven se quitó la ropa como pudo y se avalanzó sobre ella impidiendo cualquier intento de la chica por escapar. Le besaba el cuello mientras dejaba rastros de saliva que hacían que ella sintiera escalofríos, acariciaba su entrepierna fuertemente queriendo traspasar su ropa interior, enterraba sus dedos gruesos en sus muslos dejando marcas que no desaparecerían sino hasta el día siguiente. El pobre sentía que iba a terminar antes de poder siquiera penetrarla así que procedió rasgando su vestido y como pudo, logró apartar el pequeño hilo dental que ella traía puesto y la penetró con tanta fuerza que la hizo gritar de dolor, aunque a ella poco o nada le doliera ya.
Y lloró. No porque ya hubiera perdido la cuenta de las veces que los hombres la usaban como una muñeca inflable, no porque Alejandro creyera que tener sexo con él era lo mejor del mundo cuando en realidad lo único que le producía era asco, no porque su horrible maquillaje ahora estaba corrido ni porque su vestido rojo estuviera vuelto añicos. Lloró porque no pudo escapar del destino que los demás habían trazado para ella, lloró porque ahora no era más que un envase relleno de aire, porque no tenía esperanzas, porque no tenía a nadie, porque no sentía nada, solo pena por ella misma.
Alejandro eyaculó dentro de ella, se tendió en la cama y se quedó dormido no sin antes arrojarle a la cara unos billetes para que comprara las pastillas. Ella se enrolló en la sábana blanca y recogió lo que quedaba de su atuendo. Alguien abrió la puerta y le dijo que no tenía mucho tiempo, y que la esperaban en la otra habitación. Asintió con la cabeza.
Bien lo dice el refrán popular: Al mal tiempo, buena cara. Y hoy, me tocó aprender a aplicarlo a la fuerza. No puedo decirles con certeza si funcionó o no, pero lo que sí sé, es que afrontar las dificultades con una gran sonrisa y pensando que todo se solucionará, te da una paz única que por momentos, es mas grande que la tristeza o la desesperación o esos sentimientos de impotencia que a veces nos consumen hasta el cansancio.
Este mentado año ha sido muy dificil para nosotros; sip, para ti, para mi y para ti también. Conozco varios amigos que pasaron o están pasando por momentos cruciales de su vida y que a veces sienten que todo se desmorona y que jamás podrá ser igual. Les tengo una noticia, no, no será igual. La vida nos pone delante dificultades para retarnos, para hacernos mas sabios y para ayudarnos a ser fuertes. Nadie dijo que en esta vida las soluciones a todo estaban escritas en un manual, nadie dijo que la forma de actuar o pensar era igual a un recetario que te dice lo que debes tomar y a que hora. La vida ciertamente sería mas fácil, pero mas sosa y aburrida. Lo bonito de la vida es poder sentir, poder descubrir y poder conseguir algo que anhelas después de haber sufrido como un berraco por conseguirlo.
Es muy fácil recurrir a otros medios para obtener lo que se quiere, es muy fácil elegir la opción más segura, el camino más iluminado, la persona menos problemática, pero la gracia de esta vida que tanto nos duele a veces, son los retos, los verdaderos, los que nos demuestran quienes somos y que es lo que queremos; los que nos hacen diferentes de los demás. Personalmente, me tocó elegir este camino, que si bien me apachurra el corazón algunas veces, sé que con el tiempo además de sanármelo a mí, sanará el de las personas que considero verdaderamente importantes en mi vida.
Por alguna extraña razón, a pesar de no querer lastimar a nadie con nuestras decisiones, siempre llegará un momento en donde irremediablemente nuestro corazón y el de alguien más saldrán gravemente heridos. Y duele, lo digo con mucha experiencia, duele hasta el punto de cegar tus ideales, duele hasta el punto en donde quieres aferrarte a algo que ya no está para no sentirte desprotegido, duele hasta el punto en donde ya no sabes más quién eres y que es lo que quieres y lo único que sabes es que tienes que vivir con esa pena para sentir que el daño puede ser reparado. Les tengo otra noticia, lo hecho, hecho está. Con llorar y sentirse mal no se puede echar atrás. Esta vida, además de injusta, siempre te pone en frente de dos caminos que aparentemene te pueden llevar a donde tú quieres ir, y a menos que tengas el poder de la omnipresencia, JAMAS podrás caminar los dos al mismo tiempo y zas, te toca escoger. Y entonces nuestra propia naturaleza nos hace dudar, nos hace pensar que si tomamos uno, quizás sea el incorrecto, y nos hace querer devolver el tiempo y elegir el otro. Lo cierto es que no se puede y uno siempre debe enfrentar el camino que eligió. Y si ese no te conviene, la solución no es echar para atrás, la idea es buscar bifurcaciones y tratar de hacer ese camino lo más parecido a lo que nosotros mismo queremos.
Y pucha que es difícil, por eso este año ha sido tan importante y tan jodido: Porque las decisiones que valen la pena no se toman a la ligera; porque las cosas verdaderamente importantes y significativas de tu vida, son las que requieren un mayor esfuerzo para alcanzarlas, las que te hacen sacar más lágrimas, las que te sacan canas verdes, pero son esas, que cuando las obtienes, te hacen sentir el ser humano mas especial sobre este planeta.
Hoy me tocó tomar un camino negro, de esos llenos de espinas y con piedras y huecos en el camino, de esos en donde no puedes ver más allá de tu nariz, y te aterra, pero que de algún modo sabes que tienes que cruzar para llegar a donde quieres y sueñas. Me está costando trabajo, pero en mi corazón sé que todo estará bien y que la recompensa será grande, porque así lo digo, y así lo creo. Por eso, esta entrada de mi blog es para todos aquellos que se han sentido miserables en este año, para todos aquellos que creen que la vida les está jugando feo, para todos aquellos que tienen miedo de soltar las viejas ataduras y transitar por un camino diferente y misterioso, esta entrada de mi blog es para ustedes, que han confiado en mí y me han abierto el corazón dejando descubiertas sus dudas y temores. Confíen, sonrían, pero sobre todo: Luchen, que uno mismo se da cuenta cuando ya no hay necesidad de luchar nunca más por un ideal, y enfocar la mirada en otro nuevo. Luchen por ser felices, no toda la vida tiene que ser un eterno sufrimiento.
He aprendido muchas cosas en este año, y si alguien supiera que estoy pensando ahorita y lo que tuve que hacer, sabría que la maya de antes quizás hubiera escrito groserías en su blog, renegaría de su existencia y su mala suerte e incluso cerraría el chuzo otra vez. Pero mírenme, aquí estoy, siendo fuerte y valiente, siento centrada y coherente y sintiéndome bien conmigo misma, no hubiera podido ser así de no ser porque tomé una decisión que me dolió y le dolió a otras personas, pero que fue toda una bendición para mi y para mi vida. No hubiera sido así si no me hubiera arriesgado por más dolor que sentí.
Recordaré muchas cosas y esperaré, el tiempo cura todas las heridas, o no? Entonces sólo es cuestión de tiempo, y de amor, amor propio y compartido.
Empiezo recordando que adoro la canción secreta de los amantes de Moulin Rouge y que si escuchan bien, la letra es absolutamente hermosa, la letra es lo que quiero cantar ahorita. También recordaré que para arrancar el carro cuando está totalmente parado, debo poner el cambio en primera ^_^.
Kisses
Never knew I could feel like this Like I've never seen the sky before I want to vanish inside your kiss Every day I'm loving you more and more Listen to my heart, can you hear it sings Telling me to give you everything Seasons may change, winter to spring But I love you until the end of time
Chorus: Come what may Come what may I will love you until my dying day
Suddenly the world seems such a perfect place Suddenly it moves with such a perfect grace Suddenly my life doesn't seem such a waste It all revolves around you And there's no mountain too high No river too wide Sing out this song I'll be there by your side Storm clouds may gather And stars may collide But I love you until the end of time
Chorus
Oh, come what may, come what may I will love you, I will love you Suddenly the world seems such a perfect place
Sinceramente estoy bastante asustada, no sé si volver a ser una princesa sea tan buena idea. Cualquier pendejo sabe que los principes azules, los castillos hermosos que se alzan en las colinas de los viejos reinos y los finales felices, NO.EXISTEN.Pero sólo imaginar que en algún escondido lugar de mi corazón, si pusiera todo mi empeño y memorizara todos los hechizos que fueran necesarios, pudiera todo un cuento de hadas ser recreado, me hace querer intentarlo de nuevo.
Que tonta yo, ¿no? Soy demasiado mayor para creer en cuentos de hadas... Los cuentos de hadas sólo pueden existir en la mente de quienes los crean. Pero, ¿Y si tan sólo lo deseara con todo el fervor que sea necesario?, ¿y si un dia de estos cerrara los ojos y lo pidiera con todo el corazón?, si una de esas noches en las que miro a la luna pidiendole un deseo, me tropezara en el cielo un hada mágica que me devolviera a donde pertenezco? Imposible. Mi alma no es pura y mi corazón está lleno de tristezas, rencor y dolor. La idea de resignarme a vivir en este mundo sucio, gris y triste, me mata, de repente me dan ganas enormes de salir corriendo y que el viento me lleve a donde quiera.
Y lloro. La vida para mi en este mundo siempre ha sido dificil. Mi alma es demasiado frágil y mi felicidad es demasiado esporádica, mi corazón se descompone con frecuencia y mis lágrimas a veces brotan solas de mis ojos cuando presencio injusticias, maltratos, odios, guerras, hambre y dolor. Y no hago nada, me quedo inerte viendo como todo se desmorona a mi alrededor, y lo único que anhelo es huir a mi reino de paz y tranquilidad, rodeado de un inmenso jardín de rosas azules, persiguiendo mariposas tornasoles a través de extensos pastos color lila, iluminada por el sol que parece algodón.
Entonces, lo que anhelo es desaparecer y transportarme a ese lugar, pero si lo pienso mejor, mi reino de fantasía es muy parecido a la muerte... Tu voz cálida me llama tiernamente y me trae de regreso, un beso en mi boca mientras acaricias mi mejilla es lo más similar a mi castillo enorme y mi jardín de rosas, y justo ahí me siento grande y fuerte y justo ahí, el mundo se ve un poco menos negro, el cielo se ve un poco más claro y la gente, la gente sigue siendo ruín y miserable, pero alcanzo a distinguir otros iguales a ti, que me llaman princesa y que lo único que quieren de mi, total y desinteresadamente, es verme feliz, para siempre, hasta el fin...
La idea de ir a un Motel no le resultaba para nada atractiva. Jamás en su vida había pisado uno de esos sitios de "mala muerte", como ella los llamaba, y le parecía la cosa mas asquerosa y vergonzosa que podría sucederle. Por eso, cuando él le proponía llevarla para que esa imagen que tenía fijada en su terca cabeza cambiara y se tornara un poco más real, ella sólo reía y juraba que jamás se dejaría convencer para ir a semejante lugar. Muchas veces, quizás en broma, quizás no, él le hacía la proposición entre risas; al principio, los NO de ella eran bastante rotundos pero poco a poco se convirtieron en "depende" o "tal vez", o "cuando este ebria", decía ella, haciendo alarde de su poco gusto por el alcohol.
Ella no recuerda que sucedió aquel día, no recuerda cual fue el detonante para que aceptara finalmente la invitación, tampoco recuerda como fue el camino hacia aquel motel, ni la conversación que tuvieron en ese trayecto, y no, no estaba ebria, de eso era lo único que estaba segura. Miedo, sintió miedo. La primera vez en un lugar que aborrecía le producía entre curiosidad y miedo, y tembló excusándose por el frío que hacía en la habitación. No era como ella se lo imaginaba, no era tan repugnante y asqueroso si no pensaba en que antes de ellos, cientos o quizás miles de parejas habían estado acostados entre aquellas blancas sábanas. Examinaba todo como si al final alguien estuviera esperándola afuera para hacerle un exámen detallado de todo lo que había observado y sonreía tímidamente intentando ocultar que estaba nerviosa.
Su miedo desapareció cuando salió a la pequeña terraza a observar las estrellas junto a él, un abrazo fuerte y cálido disminuyó su frío y le devolvió la confianza que había perdido. Si bien es cierto que la idea de estar en un motel, seguía rondando su cabeza, ésta desapareció por arte de magia cuando ella cerró los ojos y después de unos instantes, al abrirlos, toda la habitación estaba a oscuras, iluminada tenuemente sólo por la amarilla luz de muchísimas velas. Todo se volvió un sueño, un sueño para los dos, un sueño donde ese lugar se había convertido en su refugio de amor, en su refugio para esconderse del mundo y disfrutar de su pasión.
Caricias, abrazos, lágrimas de felicidad, besos profundos y húmedos, ropa que cae al piso, pasión desbordada por los poros de su piel y la imagen de dos enamorados en el reflejo del espejo, es todo lo que ella recuerda de su primera vez en un motel. El sexo fue el mejor del mundo por el simple hecho de que fue con él, en un lugar donde por primera vez podían estar completamente solos. Y ese dia, la imagen de aquel sitio pasó de desagradable e improbable al recuerdo más feliz de una de tantas noches junto a él.
Ahora ya no tiene miedo, o pena o asco de pasar un rato en una habitación de un motel, porque más que pensar que está en un sitio de "esos", piensa que es un momento mágico para revivir la primera vez que aquel cuarto con el espejo en el techo, la cama de sábanas blancas y la ducha de vidrio, se convirtieron en 4 paredes llenas de amor y sexo, muy buen sexo.
"Una linda muchacha permanecia de pie junto al árbol de flores amarillas; a cualquier hora que se me ocurriera pasar por aquel parque, siempre podía verla a lo lejos aguardando alguien o algo. Me causaba curiosidad saber que hacía una mujer joven y bella, de pie junto a un árbol sosteniendo algo que parecía una canasta de madera, y esa tarde sin pensarlo demasiado desvié mi camino y me acerque a ella sutílmente. No sabia como abordarla y lo primero que se me ocurrió fue preguntarle la hora intentando torpemente esconder mi reloj con la manga de la camisa. No me sorprendí demasiado al escuchar su respuesta: - Mira en tu reloj- respondió. Y yo le sonreí. Ella sonrió de vuelta y aproveché ese breve instante para preguntarle que hacía siempre de pie en ese parque. Sin ningún tipo de reparo, me contó que hoy, al igual que todos los días, se encontraba trabajando. Tenía un trabajo supremamente exótico y especial: Vendía Ilusiones. Al escucharla decirlo, sentí como si mi alma regresara a mi antiguo cuerpo y en un acto impulsivo le dije que haría cualquier cosa para comprarle una. -Ya viniste una vez, y mira lo que sucedió- Todo volvió a mi en una tira de imágenes digna de película en premier: La joven, la cesta, la ilusión, el dinero, la ambición, la traición, la bala y la oscuridad. Intenté llorar pero recordé que ya no puedo y ella, en un intento fallido por consolarme, me dijo: -El destino lo escogiste al momento de malinterpretar esa ilusión, pero no te preocupes, seré buena esta vez, sólo intenta aprovechar al máximo esta oportunidad.- Y ahora despierto, pequeño e insignificante, en los brazos de mi madre, con el único recuerdo de una joven hermosa y flores amarillas, miles de flores amarillas..."
Al fin descubrí porque tus besos son tan especiales... Y creo que la mejor forma de describir lo que siento al contacto de tus labios, y el sentimiento que inunda mi ser y que deseo que perdure con los años, es comparar tus deliciosos besos con un montón de fuegos artificiales...
Y allí estaba yo, esperanzada, valiente y decidida, y ahí estabas tú, callado, indiferente y negativo. Y toda la ilusión que capturé en el camino, mientras el viento golpeaba mis mejillas con fuerza para que reaccionara se fue al olvido.
Y sólo había unos pasos entre los dos, quince, veinte quizás. Y ninguno se acercó, no había palabras, sólo tímidos susurros y miradas entrecruzadas. ¿Cómo estás? Pasaba a saludar... Silencio fue lo único que escuché, silencio cargado de rencor y de fastidio, y me alejé, con la esperanza rota en mi monedero de Jack, con la certeza firme de que no regresarás, pero con la frente en alto y la seguridad de que hice lo mejor, porque lo intenté, tú sabes que lo intenté. Y esas lágrimas que se escaparon desde adentro y no pude contener, son el cristal con el que hoy veo un nuevo amanecer...
Desde pequeña la malcriaron hasta el punto de hacerle creer que era la princesita de sus papás, quizás por eso le parece el colmo que ahora que ya está grande, sus padres se atrevan a negarle alguno de sus caprichos. Caprichos, nadie sabe de caprichos más que ella, cualquier cosa en la vitrina de un almacén o en un maniquí de verdad que atraiga su atención más de lo normal, es objeto de sus cantaletas y saca lo consentida que tiene dentro. Ir a un centro comercial con ella es como tener que obligar a un bebé a comer brócoli hervido en papilla y contar las veces que dice: "Quiero" en una oración es absolutamente imposible hasta para el matemático más pilo del mundo.
No he sabido de un mortal que se atreva a decirle que no; a excepción de sus padres, el único que una vez lo hizo ahora no existe más que en sus muy muy muy malos recuerdos. Así es ella, y por si fuera poco, celosa... Su actitud es muy criticada, las personas consentidas son tratadas como débiles e inútiles, pero hay algo en ella, en sus ojos, que no encaja en lo absoluto con esa descripción. Tampoco es que le importe mucho, entre más berrinches hace, más personas le complacen sus caprichos. Podrá ser muy intensa y monotemática, pero de tonta no tiene un pelo. Lo cierto es que cuando la miras fijamente, la ternura se desborda por los poros de su piel, y todo es dulce, suave y esponjoso, hasta el aire que respiro. Creo que nunca sabré si pegarle con un bate o comérmela a besos, pero nadie, nadie puede resistirse a sus pucheros...
"Sucede que cada vez que pierdo un perro, se lleva un pedazo de mi corazón con él. Y cada perro que entra en mi vida me regala un trozo del suyo. Si logro vivir lo suficiente, todas las partes de mi corazón serán de perro y llegaré a ser tan generoso y bueno como lo son ellos"...