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8.26.2010

Mis fieles amigos

Hoy me enteré de una noticia atroz, de una noticia que me partió el corazón y me tuvo pensando toda la noche y viendo videos en youtube: Un médico en un conjunto residencial, acabó con la vida de un perrito enterrándole un cuchillo en el corazón a sangre fría; el perrito loco del dolor logró arrastrarse unas cuantas calles en busca de ayuda, pero al final murió. El tipo este sigue libre. Aquellos que me conocen bien saben como me siento ahora.

No entiendo sinceramente cuál es la motivación de los seres humanos para lastimar a los animales, y en especial, a los perritos. No la entiendo, no se me pasa por la cabeza. Para mi la noticia de arriba es igual de atroz que si hubiera matado a una persona. Perdón, me equivoqué, sonaré frívola, pero la del perrito me parece más desgarradora y me afecta en un nivel diferente, sólo porque ya uno sabe cuál es la verdadera naturaleza del ser humano promedio. Para mí alguien que lastima o agrede a un perro (o a un niño) es el peor crímen que puede cometer. No se imaginan la rabia que me da cuando presencio algún acto de este tipo.

Tampoco se imaginan lo que yo siento al ver a un perrito en la calle, y peor si está sufriendo. Siempre he querido hacer un sitio para atenderlos y cuidarlos y que puedan adoptarlos. Siempre he querido hacer algo, porque los amo y me mata verlos sufrir. Ese sueño es bastante complicado, pero por eso he tratado de hacer lo que está a mi alcance siempre que puedo, como darles comida, alejarlos del peligro mientras puedo, incluso bajarme del carro a media noche para quitar a un perrito de en medio de la calle y darle comida. Sé que es poco, pero intento contribuir siempre que puedo.

Mucho menos se imaginaran lo que siento por mi perro, lo amo del modo en que uno puede llegar a amar a su mejor amigo. Porque eso es él para mi. Entre las cosas más difíciles que me toca afrontar mientras trabajo sola en esta ciudad es no tenerlo para que me reciba por las noches cuando llego del trabajo y para jugar con él y que me consuele cuando estoy triste, como ahora.

Este es un post de protesta, un post de reflexión, un post para gente con corazón o por lo menos para gente que respeta la vida en todas sus expresiones. Los perros tienen corazón, aman, sienten, se aferran, son felices, son tristes, sueñan, se sacrifican. Los seres humanos son ambiciosos, egoístas, matan, roban, torturan, envidian, lastiman sin justificación. No todos, pero tristemente la mayoría son así. De no ser cierto, este mundo sería muy diferente a lo que es en realidad. Sin embargo, existimos personas todavía que valoramos la total entrega de los animales y les damos amor y cuidado a cambio. Existimos algunos que los entendemos, los ayudamos, nos condolemos de ellos y hacemos todo por evitarles el sufrimiento. Existimos algunos que hemos tenido la fortuna de conocer el sublime sentimiento de amor y lealtad de nuestros amigos, nuestros compañeros de risas y llanto, nuestros ángeles guardianes en las noches oscuras, nuestros queridos perros.

Y en honor a todos esos amigos de la calle que me regalan esas miradas de ternura y compasión cuando me siento sola en esta ciudad, a todos aquellos que mueven su cola al escuchar mi voz, que reconocen mis frases de afecto para con ellos; a todos esos amigos que me consuelan cuando deambulo triste por las calles, a ellos, este tributo que los describe perfectamente:


"Soy un perro de la calle.

No he nacido para deambular por las calles polvorientas y desoladas,

con el hambre que tortura, con la sed que me atormenta,
con el frío invernal que me traspasa en las noches soñolientas.

He sufrido con mis yagas entreabiertas bajo el sol que centellea

en las calles atascadas de ciudades afiebradas.
He existido desde tiempos inmemoriales para no vivir en vano,
he existido, para velar por tus sueños e ilusiones aquí en la tierra.

Yo seré el que te entregue una mirada solidaria cuando los amigos de confianza

te traicionen en el transcurso de tu vida.
Yo seré el que perdona al hombre bruto que me pega en su amargura
porque sabe que su presencia aquí en la tierra ha sido en vano.

Estaré para vigilar tus castillos construidos en el aire,

para darte compañía
cuando la desilusión y la soledad te invadan.
Vigilaré las pertenencias de tu humilde casita de madera
en donde los grillos cantan como si fuera una eterna primavera.

Me quedaré esperando tu llegada bajo el umbral de tu casa

iluminada por las luces mortecinas de la calle,
para darte una mirada de acogida
cuando el cansancio y las amarguras de tu trabajo te hayan hastiado.

Es mejor que me comprendas que yo soy tu fiel amigo,

quien té dará compañía cuando los amigos “de por vida” te abandonen
para siempre en los bares frecuentados por humanos deprimidos.

Entiéndeme ser humano: yo necesito que seas como un verdadero ser humano

que comprende el sufrimiento de todos los seres vivos
incluyéndome a mí, el perro de la calle.
"

Escrito por I. A. J. S. En ayuda de los animales abandonados y maltratados. Limache. 01.01.2009

1.28.2010

Tributo al perro....Mi perro...


El mejor amigo que un hombre tiene en el mundo puede volverse contra él y convertirse en su más fiero enemigo. El hijo o la hija que ha criado con tanto esmero y amor pueden resultar desagradecidos. Aquellos que se encuentran más cerca de nosotros y que nos son más queridos, aquellos a quienes confiamos un día nuestra felicidad y nuestro buen nombre pueden convertirse en traidores a la fe en ellos depositada.

El dinero que un hombre posee puede perderlo; se le escapa,quizá cuando más lo necesita. La reputación de un hombre puede venirse abajo con una acción poco meditada. Las personas dispuestas a arrodillarse ante nosotros cuando tenemos éxito pueden ser las primeras en lanzar la piedra de la malicia cuando el fracaso cierne su nube sobre nuestra cabeza.

El único amigo carente de egoísmo de que dispone el hombre en este mundo egoísta, el único que nunca lo abandona, el único que nunca resulta ser desagradecido ni falso, señores, es su perro. El perro de un hombre permanecerá a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad.

Él dormirá en el frío suelo, donde soplan los vientos gélidos y la nieve azota con fuerza, solo por estar al lado de su amo. Él besará la mano que no le ofrece comida alguna; lamerá las heridas y las llagas que le produce el roce con la dureza del mundo, y guardará el sueño de su amo cual si fuera un príncipe.

Cuando todos los demás amigos se van, él permanece; cuando las riquezas emprenden el vuelo y la reputación se parte en mil añicos, él es tan constante en su amor como el propio sol en su eterno viaje por el firmamento. Si el cruel destino convirtiese a su amo en un apestado del mundo sin amigos, sin hogar y sin dinero, el fiel perro no pediría mayor privilegio que el de acompañarle, poder guardarle frente al peligro y luchar contra sus enemigos.

Y cuando la última escena sobrevenga, y la muerte se lleve a su amo e introduzcan su cuerpo inerte en la fría tierra, todos los demás amigos seguirán sin duda su camino, pero allí, junto a la tumba, permanecerá siempre vigilante el noble perro, con la cabeza entre las patas y los ojos tristes pero abiertos, en alerta espera, fiel incluso hasta en la misma muerte.

George Graham Vest

Hoy me robé estas palabras porque he hablado de todas las personas importantes para mi en este blog y aunque no sea técnicamente una persona en realidad, es el mejor amigo que he tenido desde el 2005 y lo amo como a nadie más. No se imaginan la felicidad que me da poderlo ver más de dos días seguidos ahora en mis vacaciones! Sé que los que tienen mascotas me entenderán, y los que no, algún día lo harán, créanme, yo pertenecí a los dos bandos...

Y aunque no puedas verme en este momento, y auque estemos separados la mayor parte del tiempo y aunque a veces creas que me olvidé de ti y mucho menos puedas leer este post: Te Amo Mucho Dobby Alberto :)

9.12.2008

Anita

La primera vez que la vi me cautivó con esos enormes ojos negros bajo el radiante sol de pleno día. Me atrapó por completo con su profunda mirada, que me decía casi a gritos que extrañamente, ella era feliz de verme, así como yo me había sentido feliz al verla a ella. Creo que fue un caso de mutua necesidad; ella claramente necesitaba de mi afecto, y yo, yo necesitaba saber que aún seguía siendo la misma niña tierna y preocupada por los demás que dejó Barranquilla hace unos meses. O no sé, tal vez el día en que la conocí tenía una de esas tristezas que tiñen mis tardes solitarias de un gris intenso y al final de cuentas su corta compañía me animó el día, o quizás debería decir, la existencia.

En fin, allí estaba Anita, sobreviviendo con lo poco que la vida le ha dado, o con lo mucho que alguien, a mi parecer, despiadado y sin corazón, le quitó; y ahí estaba yo, con el corazón apachurrado por no poder llevarla a mi casa y darle lo que se merece, o por lo menos poder proveerla de las cosas básicas para que ella se valga por sí sola. Pero al verla ahí, luchándose el todo por el todo por sobrevivir un día más, por conseguir lo necesario para mantenerse en ese mundo hostil y egoísta que la rodea, en este mundo que le da la espalda por vivir en la calle, por no tener un hogar ni un plato de comida, por ser simplemente una desplazada más, supe que en realidad los valientes y guerreros jamás se rinden ante las adversidades, por más terribles que éstas parezcan. Anita se convirtió en un gran ejemplo para mí, que a veces me dejo vencer por nimiedades que no superan a mis grandes temores.

Ese día, el de nuestro primer encuentro, Anita despertó muchos sentimientos en mí, y yo le demostré mi afecto y mi preocupación, dándole un poco de comida y atención. No pude estar mucho tiempo con ella, pero los pocos minutos que estuve a su lado, me sirvieron para comprender que en serio es necesario que haga algo porque esa situación en la que se encuentra ella, es demasiado cruel y mi corazón no puede recibir ni tolerar tanta maldad a la que ella fue sometida. Los días siguientes seguí viendo a Anita; apenas llegaba al lugar, ella corría a mi encuentro, reconociéndome al instante, y regalándome esa mirada cómplice, esa mirada llena de felicidad y de anhelo, esa mirada que me decía sin palabras, que ella me estaba esperando y que se sentía agradecida de que yo estuviera allí para ella. Creo que poco a poco me fui ganando su confianza, y Anita se fue ganando un lugar muy especial en mi corazón.

Hoy volví al lugar donde la vi por primera vez; dejé de ir por casi una semana, y hoy regresé con la esperanza de volverla a ver. Mi pena fue grande al no encontrarla allí. Me senté en el lugar de siempre a esperarla, pero el tiempo pasó y ella jamás apareció. Me preocupó un poco el hecho de pensar que quizás en uno de esos días en que ella intentaba abrirse paso en la carretera, o encontrara un lugar para dormir, algo pudo haberle pasado. Nadie supo darme razón, y yo no pude hacer nada para encontrarla.

Quizás mañana regrese de nuevo con la esperanza de encontrarla y ver otra vez sus hermosos y grandes ojos negros. Quizás regrese mañana y no la encuentre, y así pasen los días hasta que al final me resigne a no volver a verla jamás. Pase lo que pase, me quedará el recuerdo de sus ojos, su pelo blanco y café, la forma como movía su larga cola cuando le daba un poco de comida, y por sobre todas las cosas, el recuerdo de su gran valentía. La verdad es que nunca supe su nombre, pero estoy completamente segura de que si ella pudiera hablar, me diría que le gustaba la forma en que la llamaba; al fin y al cabo, para mí ella siempre fue y será tan sólo Anita.


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