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6.23.2007

Corazones

Me gusta robar corazones, por las noches, cuando todos están dormidos. Me gusta observar a mis víctimas por horas, antes de arrebatarles el último aliento. Disfruto maltratándolos, engañándolos y haciéndoles creer que soy capaz de amar para luego terminar con sus míseras vidas sin siquiera importarme.

Me gusta robar corazones para pisoterarlos hasta que dejen de latir y arrojarlos a la basura para que terminen de pudrirse porque, al fin y al cabo, no creo que le importen a nadie. Me gusta ver sus expresiones de horror cuando los sorprendo junto a sus camas, les tapo la boca con mis manos largas y delgadas y les susurro al oido que su hora llegó.

Admito que me gustan los corazones de hombres, de hombres que ingenuamente creen que pueden enamorarme, de esos tontos que creen que pueden dominarme y hacerme actuar como una de esas estúpidas mujeres enamoradas. Pero admito que me gustan más los corazones de aquellos que me desprecian y que vuelven a mí arrepentidos por haberme lastimado.

¿Lastimarme a mi? Ingenuos. Blasfemos!!! Nadie puede hacerme daño. No conozco el significado de la palabra sufrimiento. Me dan lástima. Me dan asco. Me dan náuseas. Me dan ganas de arrancarles el corazón lentamente, para disfrutar los gritos y las miradas perdidas, para disfrutar las lágrimas de angustia y desesperación.

Me gusta robar corazones. No te atrevas a acercarte demasiado, si me atraes, te enamoraré y te haré mío. Te haré sentir el hombre más feliz sobre la faz de la tierra, te haré creer que soy sólo para tí; y cuando menos lo esperes, en una de esas noches frías, cuando la luna está llena y los grillos cantan sin cesar, me acercaré lentamente a tu almohada y susurraré en tu oido que eres un tonto y que no eres nada para mí. Porque me gusta robarme los corazones de estúpidos que piensan que pueden hacerme feliz.

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