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3.24.2007

Paris, je t'aime

"Me voy a cine sola, me harté de estar encerrada y de que nadie comparta mi idea de ir a ver películas cursis y melodramáticas. A la gaver, me voy a ver París, Te Amo." Ese fue mi pensamiento a la 1:30 P.M. de hoy, sábado, uno aburrido y caluroso. Así que me fui a cambiar, almorcé y me fui a cine de 3:30 P.M. Cine de Pobre, porque no tengo para más por ahora. La idea de ir a cine sola me apasionaba, era como una especie de reto conmigo misma, pero llegar al cine y enterarme de que en realidad la película empezaba a las 5:30 P.M. y tendría que esperar dos largas horas sola en el Éxito, me deprimió. Primero me fui a ver ropa, pero no tenía ganas de ver ropa (sip, definitivamente estoy enferma o drogada -___-*), después me fui a la revistería, nada bueno, ya no venden revistas de anime, y la idea de sentarme a resolver toda un revista de sudoku me pareció descabellada, así que decidi sentarme en una mesita de esas que quedan frente a la entrada del cine y esperar.

Empecé a mandar mensajes de texto para pretender que esperaba a alguien o que tenía algo interesante que hacer; luego sólo empecé a leer los mensajes que tengo guardados, lo cuál fue una pésima idea, así que decidí mejor hacer lo que más me gusta, observar a la gente que me rodeaba. Lo primero que noté fue a dos señoras, sentadas a mi lado hablando de muchas cosas, al parecer eran amigas que no se veían hace rato, porque su conversación fue bastante larga y me pareció hasta entretenida. Hablaban, hablaban, hablaban, y se cambiaron dos veces de mesa porque el sol les molestaba. Luego de un rato, en la mesa del otro lado se sentó una muchacha, sola, llegué a pensar que se veía igual de patética que yo, pero obviamente ella si estaba esperando a alguien, ¿que como lo supe? Lo supe cuando su novio llegó sonriéndole, disculpándose por hacerla esperar y dándole un beso en la boca. No, allí la única patética era yo, porque yo no estaba esperando a nadie. Un poco más lejos estaba un señor con unos audífonos leyendo algo que parecía ser una agenda muy concentrado, y en otra mesa, un señor canoso de anteojos que rellenaba algo en un periódico.

En la mesa diagonal a mí, se sentó una pareja de novios que llevaban largo rato dando vueltas por la plaza de comidas; cuando volví a verlos estaban agarrados de manos y se veían muy felices, y fue entonces cuando me dí cuenta que yo también me veía feliz cuando sostenía la tuya... Más lejos, en la otra esquina, estaba una señora que comía sola, y tenía una bolsa grande de compras, así que pensé que después de todo, no me veía tan mal. La siguiente vez que miré en esa dirección, se había marchado. Cuando la muchacha de al lado se marchó con su novio, se sentó un muchacho de camisa roja que miraba el celular desesperado, obviamente este si esperaba a alguien, al cabo de un rato sonó su celular y le dio indicaciones a alguien del lugar donde se encontraba, a los 10 minutos otro muchacho simpático se acercó a él y lo saludó, ambos se fueron en dirección al cine, y yo me quedé sin comentarios.

Por un momento me sentí realmente sola, mientras miraba por los grandes ventanales y añoraba poder compartir ese tiempo con alguien. Pensé muchas cosas de mi vida, y descubrí que para que me encuentre como estoy ahora, debe haber algo malo en mí, y pienso averiguarlo de una vez. No es justo que la mayor parte del tiempo me la pase triste y deprimida. Creo que tengo muchas cosas para dar, y creo que yo también puedo vivir una historia de amor con todos los pros y los contras; creo que estoy lista para que la gente me quiera y me entienda. Y no es que esté inconforme con lo que soy, no soy perfecta, y no quiero serlo, es sólo que siento que estoy perdiendo tiempo que no podré recuperar. Dicen que hay que aprovechar cada segundo de la vida porque puede ser el último; y ahí estaba yo, a punto de romper en llanto queriendo estar en un lugar con alguien y no poder. Queriendo decirle muchas cosas y tener que quedarme callada. Por eso, al llegar aquí lo primero que hice, incluso antes de escribir esta entrada, fue decírselas, aunque ya no valga la pena, por lo menos sentiré que lo intenté.

Llegó la hora de la película, 18 cortitos, 18 maneras de expresar el amor, de ver el amor, de sentir el amor en todas sus etapas, 18 historias que hicieron que las 2 horas que esperé valieran la pena. Sobre todo, porque antes de comenzar la película, ella se sentó a mi lado, llegó de sorpresa a recordarme que los amigos te prestan sus alas cuando las tuyas olvidan como volar, y que el que tiene un amigo, tiene un tesoro. Quizás estuve sola dos horas, pero las otras dos horas siguientes, estuve con alguien muy especial, muerta del frío, pero tranquila y feliz gracias a ella. Y olvidé que tenía ganas de llorar, salí del cine con ganas de cantar, de soñar y luchar. París, Te Amo, una experiencia que nunca olvidaré, una película que incluiré entre mis favoritas, nada cursi, al contrario, graciosa y hasta absurda en ocasiones. Una película digna de aquellos a quienes nos encantó Amelíe. Una película que nos muestra todas las facetas del amor, antes, durante y después de él. Una película que quiero volverme a ver.

Y luego, para terminar mi día, llego y me encuentro esa sorpresa. Lo siento, se que querías que me pusiera feliz, pero las lágrimas fueron más rápidas, se escaparon sutilmente , recordándome que me haces mucha falta, y que adoro esos detalles que tienes conmigo, que adoro tu capacidad de hacerme feliz con cosas como esa, aunque las lágrimas inunden mis ojos antes de que mi risa pueda dibujarse en mi frágil rostro. Gracias, por darme alas...

3 Rulean el Universo:

Lucas dijo...

You look so pretty with wings...

Anónimo dijo...

...not to mention naked.

Maya dijo...

Excuse ME?????????????
What the hell are you two talking about????