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1.02.2013

El fin de una era

Ese 21 de Diciembre me desperté como cualquier otro dia del resto del año. En una cama, sola, al lado de Peque el Petete y Wall-E. Me quedé acostada un rato intentando tratar de escuchar cualquier sonido anormal que viniera del exterior. Nada. Silencio. Que extraño fin del mundo, pensé. Me levanté y me costó trabajo; era viernes al fin y al cabo. Agarré las cosas necesarias para ducharme, y proseguí con paso lento hacia el baño.  Me encerré.  Me senté en la taza del baño y esperé. Quizás estaba esperando que las bolas de fuego me terminaran de despertar, o que la familia con la que vivo hiciera sonidos extraños detrás de la puerta y al abrirla me diera cuenta que estaban convertidos en zombies y me tocara terminar con sus vidas uno por uno. Ugh, no es tan genial si uno lo piensa bien.

No pasó nada.  Ni cuando iba camino al trabajo, que me la pasé mirando el cielo sin parpadear, esperando ver 3 soles, 2 lunas o la alineación de los planetas. Nada. Era un día hermoso, soleado y las nubes conformaban esas figuras extrañas que mi cabeza piensa que forman.  No pasó nada.  El día entero transcurrió entre el computador y la planta, entre la rutina y los chistes sobre este día, entre las noticias de siempre y los acontecimientos de nunca. Se me pasó la tarde y no tembló, ni siquiera se develaron los extraterrestres que viven entre nosotros. Nada.

Al llegar a mi casa por la noche, me senté nuevamente en la cama y casi al final del día, antes de volver a dormirme, lo entendí. No era el final del mundo. Era el final de una era. Una era en mi corazón. El cambio estaba por dentro, así debía ser. No es como si hubiera cambiado algo dentro de mi en un momento de reflexión. Era el hecho del auto descubrimiento, el hecho de concientizarme de todas las cosas que he cambiado en mi interior y de descubrir que debo cambiar muchas más. Era el fin del rencor, de los lamentos y las decepciones y el inicio de la creación, del despertar, de la construcción de cosas más bellas y mejores. 

Al final entendí que las bolas de fuego, los terremotos, los zombies y todas esas cosas horribles también las lleva uno en el corazón. Y también nos destruyen, sólo que no nos damos cuenta o cuando lo hacemos es demasiado tarde.

Ese 21 de Diciembre me desperté como cualquier otro día del año, pero me acosté renovada, única, especial y en sintonía con lo que me rodea, como los próximos días del resto de mi vida. Hasta que Dios me llame con El.

http://html.rincondelvago.com/000191670.jpg

1 Rulean el Universo:

Lucas dijo...

Y como a que se debió ese cambio Mayita?